BIG EYES

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BIG EYES O COMO TENER CUIDADO CON LAS MARCAS PERSONALES

Vaya por adelantado que esto no es exactamente una crítica o opinión cinematográfica, más bien que al ver esta película me han venido a la cabeza una serie de conceptos que ahora están muy de moda, con esto quiero decir que ahora les ponemos nombre pero que han estado ahí toda la vida y siempre ha habido personas que han sabido aprovecharse de ellos, ¿visionarios?.

Cuando una pelicula viene con la etiqueta “basada en hechos reales” y firmada por Tim Burton en principio choca. Al menos a mi que tengo relacionado a Mr. Burton con universos ficticios, personajes de fantasía, realidades inventadas y vistas con una óptica muy especial, moviéndose entre lo tétrico, lo fantasmagórico, y sobre todo personajes con sentimientos encontrados. Yo lo definiría como la belleza dentro de la fealdad, la bondad dentro de lo que en principio relacionamos con maldad.

Pero esta vez se ha decidido por dirigir una historia real, en donde sólo ví ese universo Tim Burton en los cuadros sobre los que trata toda la trama de la película. Personajes, sobre todo niños con enormes ojos, que intentaban a través de la mirada expresar un secreto.

No hay riesgo de hacer Spoiler puesto que la historia es la que es y sus personajes reales la vivieron en sus carnes en los años 50 y 60. Margaret y Walter Keane son los protagonistas de esta usurpación de la personalidad o dicho en lenguaje de hoy en día “de cómo el Señor Keane se hizo dueño y señor de la marca personal o branding de la señora Keane”.

La película comienza con la señora Keane divorciándose de su anterior pareja y comenzando una nueva vida con su hija.  A Margaret nos la presentan como una persona callada, tímida, introvertida, templada. De esas personas que pasan por la vida sin ser vistas. Y sobre todo como una artista, alguien a quien le gusta dibujar y tiene un estilo muy definido. Pero esto de vivir de ser bohemio y pintor está reservado para unos pocos y Margaret debe conformarse con trabajar en una fábrica de muebles, mientras los fines de semana vende sus cuadros y pinta caricaturas a bajo coste en mercadillos. Vamos que ella trabajaba en lo que podía para pagar sus facturas mientras seguía cuando y como podía desarrollando su talento y persiguiendo su objetivo.

Aquí realmente es donde comienza la trama, en uno de estos mercadillos conoce a Walter que también es artista, también vende sus cuadros. Que ha estudiado en una prestigiosa escuela de arte, que ha vivido en París mon dieu!! Y que va sobradísimo de personalidad, despliega encanto, embauca, sonríe, adula.. y se mete a Margaret en el bolsillo en más o menos un minuto. Ya me la imagino pensando “como este hombre tan agraciado, tan agradable se está fijando en mí que sólo soy una pobre mortal que no valgo mucho….” ¡¡Ayyy las Margaret del mundo!! Espabilad que el mundo esta lleno de estos seres tan “estupendos.

Pues venga vamos a casarnos rápido que nuestro amor es maravilloso y eres lo mejor que me ha pasado en la vida…. Al señor Keane se le olvidó comentarle a su entregada esposa que él también tenía una hija de una relación anterior, que sus ingresos provenían del Real Estate y no de su obra pictórica.. y de paso ya le podía haber dicho también que ni había estudiado en París, es más no está claro que ni siquiera sus ojos hubieran visto el Sena, y que no había cogido un pincel en su vida. Dicho de otra forma que su vida era un parecer sin ser, un “postureo” absoluto.

Walter reconoce el talento en Margaret y empieza a visitar galerías con sus cuadros en mano intentando exponerlos o venderlos. Y como una cosa lleva a la otra, al final se hace con la autoría de las pinturas y hasta se inventa historias de cómo y donde se inspiró para dibujarlos.

Se nos presenta a Margaret como la víctima de Walter, pero ella acepta ese papel de artista en la sombra de la figura de su brillante marido. ¿Esto es realmente un engaño? Aquí pues habría que conocer a los personajes reales porque es verdad que a las personas se las puede manipular hasta el punto de que hagan lo que tú quieras. Pero también puede ser que Margaret fuera incapaz de enfrentarse al mundo real , ese mundo en el que un artista tiene que vender sus cuadros, que es tanto como venderse a sí mismo, generar interés sobre tu obra, tener labia, relacionarse con otros… y prefiriera quedarse en la sala de máquinas mientras su marido cogía el timón de su obra.  Dejó de perseguir sus objetivos y empezó a perseguir los de otro, cedió el timón de su vida de una forma más o menos consciente.

Hay un axioma fundamental en este mundo “para que haya listos tiene que haber tontos” está claro qué papel eligió cada uno ¿no?.

Walter es la definición perfecta de “encantador de serpientes” o “vendedor de crecepelo” y Margaret es la mujer gris. Él le vende un congelador a un esquimal y ella no es capaz de vender ni una cerilla a un naúfrago. A estas alturas del relato seguro que más de uno ha identificado esos personajes con personas de carne y hueso que le rodean, y hasta alguno como a mi le deben estar ¡¡¡ rechinando los dientes!!!!.

Y la historia a partir de ahí pues se desarrolla como la lógica presupone que se debe desarrollar, Walter se crece y crece y Margaret mengua y mengua. Walter canibaliza a Margaret y interpreta tan bien su papel que nadie duda de que esos cuadros con esos niños y personajes de ojos grandes y profundos sean suyos.

Walter que se dedica a la buena vida y a vivir del trabajo de su gris, triste y apagada mujer, (algunos hoy en día dirían que se dedica al marketing y al networking). Pues tanto tiempo libre y tanta vida social hace que se disperse un poco y de fiesta en fiesta y de copa en copa, se llega a olvidar que “su producto” es su mujer y que a ella debería estar cuidándola muy mucho y seguir dándole de beber de la pócima de su encanto para que ella no despertara de su letargo. Y he aquí que la mujer gris un día se quita la venda de los ojos (y mira que los pintaba grandes, pero a la vez estaban ciegos) y empieza a ver la vida de otro color.

Como primera medida vuelve a marcharse con su hija, dejando a Walter que siga disfrutando de su vida de artista, bohemio y encantador en soledad. En principio debió pensar que quitárselo de encima le bastaba pero según iba recuperando dioptrías en sus ojos, y empezaba a ver la otra realidad, en la que ella había estado prestándole su talento a otra persona que lo había hecho suyo sin ningún remordimiento, y lo peor de todo convenciéndola de que era lo mejor para ella.

 

Como comercial Walter no debía tener precio, pero comercial del talento ajeno claro (inciso ser comercial no es engañar, ni vender lo que no conoces, ni valoras, ni entiendes, eso se llama vender humo).

Según avanzaba el tiempo y Water sin ningún pudor seguía exigiéndole que pintara para su propio beneficio y reconocimiento, Margaret decidió demandarle y poner fin a su vida ficticia. Pero claro Walter no iba a dar su brazo a torcer y negó la mayor, intentando hacer suya la autoría y paternidad de los cuadros. Como se suele decir “hay gente que se cree sus propias mentiras”. Yo más bien pienso que no es que se las crean si no que  viven tan bien y tan acomodados en ellas, que están dispuestas a defenderlas cueste lo que cueste, aunque sepan que todo está basado en falacias y mentiras.

Y llegó el día del juicio y su señoría en un ejercicio de sentido común absoluto y basándose en eso de que aquí no sirve su palabra contra la suya y en ese dicho de “obras son amores y no buenas razones”. Pues les dijo a ambos que en la propia sala del tribunal se pusieran a dibujar lo que quisieran para que se pudiera reconocer al autor de las obras.. Esto en España no lo podríamos hacer porque no “sería el momento procesal oportuno” (inciso jurídico)

Margaret cogió sus pinceles y en breve ya estaba haciendo un esbozo de una obra y Walter como buen mentiroso y expedendor de cortinas de humo, fingió una lesión de hombro para no pintar ni una sola raya al lienzo mientras en su cabeza resonaba la frase “ show must go on”.

Baste decir que Walter jamás reconoció su engaño a pesar que no volvió a dibujar ni un solo cuadro el resto de su vida. Debió tener una lesión de hombro con invalidez permanente absoluta que en el traductor al mundo real viene a ser equivalente a tener más cara que espalda, y ni una pizca de vergüenza.

Y  ahora vamos a lo práctico, a lo mundano, al turrón (aunque sea febrero) como dirían los payasos de la tele “¿qué habéis aprendido queridos niños?” pues que “no es oro todo lo que reluce” que es muy agradable conocer gente que tiene habilidades sociales muy desarrolladas. De hecho , todos los que no las tenemos de manera inhata deberíamos hacer un esfuerzo por incrementarlas. PERO no hay que dejarse engatusar por nadie, además de las formas, del envoltorio, del countainer que SI es IMPORTANTE, siempre hay que mirar el fondo, el paquete, el contenido por si acaso hay incongruencias entre ellos.

¿Cómo es posible que un hombre que no sabía ni pintar la O con un canuto se hiciera pasar por artista? Es que eso no sólo le deja mal a él, que bien parado no sale. Y al resto de críticos, acólitos que en su momento alabaron su obra. ¿En que lugar les deja a ellos? Pues a la altura del betún creo yo.

Que a mi me interesa y cada vez más la publicidad, el marketing, el branding. Son conceptos muy diversos ya lo sé, pero me interesa en la medida en que ayude a difundir algo de valor. Porque un diamante sigue siendo valioso aunque esté metido en una caja, aunque su valor ahí dentro sea sólo potencial.

Reflexionemos sobre el refrán “aunque la mona se vista de seda mona se queda” ¿si seguro? ¿Cuántas monas vestidas de seda han sido confundidas con princesas de cuento de hadas?.

De momento y por lo que se refiere a este post hubo un tal Walter Keane que durante unos 15 años estuvo muy mono vestido de seda.

Si esto no nos hace pensar es que va a ser verdad eso que dicen los científicos de que utilizamos un porcentaje de nuestro cerebro muy pequeño, mirad a vuestro alrededor “the monkeys are all around”.

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