Boyhood

Boyhood-Momentos-de-una-vida

Boyhood es una película dirigida por Richard Linklater e interpretada por Patricia Arquette, Ellar Coltrane, Lorelei Linklater y Ethan Hawke, como actores principales. Como curiosidad, la hija del propio director hace el papel de hija en la familia protagonista.

La novedad de este film es que ha sido grabado durante un periodo de doce años con los mismos actores, de forma que a lo largo de la narración, el espectador puede ver de forma muy realista el paso del tiempo en sus personajes. Cada año, todo el elenco se reunía durante una semana para filmar parte de la historia.

La película cuenta escenas de la vida cotidiana de una familia americana, centrándose sobre todo en el personaje del hijo pequeño de la familia, Mason (actor Ellar Coltrane), desde los cinco años, hasta que cumple diecisiete años y entra en la universidad.

Aparte del recurso del director de hacer la película durante doce años, yo recomendaría la película por el tema tratado y porque se pueden sacar ciertas conclusiones (vitales) sobre el mismo. Y es que a mí me gusta que una película, además de tener una trama entretenida y tener una bonita estética, me aporte algo. Salir del cine pensando que esa película algo ha cambiado en mí y, a ser posible, para mejor. Que me ha hecho reflexionar sobre algo, o me ha permitido darme cuenta o concienciarme de algún tema que para mí pasaba desapercibido hasta entonces. Que me ayude a crecer como persona.

En este caso, la película trata sobre la vida. Sobre el paso del tiempo y el efecto que esto tiene en nosotros, las distintas etapas que vamos pasando a medida que vamos envejeciendo, las relaciones de familia, los anhelos de todo ser humano, los sueños cumplidos y los que ves que se te cierran y no cumplirás nunca, la lucha por salir adelante, las cuestiones que nos planteamos todos a medida que maduramos, etc.

La película es un conjunto de escenas o secuencias de la vida de sus protagonistas. Algunas escenas son triviales y sin importancia, pero es que buena parte de nuestras vidas está compuesta por momentos de ese tipo. Otras son escenas que marcan la evolución de la persona. De hecho, el evento principal que marca la vida de los protagonistas y el desarrollo del niño Mason se ha producido antes incluso de que empiece la trama de la película: el divorcio de sus padres. En la película pueden verse escenas de felicidad en la vida de sus protagonistas y escenas menos felices. Escenas que podríamos encontrar en nuestras propias vidas.

Me gustó especialmente ver cómo Mason, a medida que iba creciendo, iba pasando de la etapa de la infancia en el que uno está completamente protegido por los padres y tiene un conocimiento bastante limitado de su entorno, a la adolescencia, donde se va formando el carácter que el individuo tendrá, en buena parte, el resto de su vida. Una época en la que uno va haciéndose más consciente de su entorno y empieza a plantearse preguntas metafísicas como ¿qué sentido tiene la vida? ¿qué pinto yo aquí? Toda esta evolución puede verse en la película.

Podemos ver cómo algunos personajes luchan duro para conseguir sus sueños y, los consiguen, pero eso no les saca “de pobres”. Quizás nos construyamos una vida llena de hitos y objetivos que vamos alcanzando (o a veces no) y que llega un momento que nos ponemos a ver hacia atrás con perspectiva y decimos, “he cumplido una serie de hitos que tenía que cumplir, pero creía que había algo más, que esto era algo más”. Quizás nos planteemos qué hacemos aquí y qué sentido tiene todo esto y veamos que más que nosotros disfrutar de cada momento, es el momento el que se va adueñando de nosotros. Y es que la vida, da de sí lo que da, que puede ser mucho o poco, según lo que nos propongamos, pero nunca, creo yo, debemos perder la perspectiva de que no debemos construir simplemente nuestras vidas sobre un castillo de objetivos o cosas que poseer o alcanzar, sino que debemos centrarnos más en el camino en sí que recorremos y que este camino sea lo mejor posible, frente a obsesionarnos con ir alcanzando puntos en ese camino. Aprender a vivir, ser un “vividor”, que no es un término malo y despectivo, como parece que el lenguaje nos ha inculcado, sino un término que debería reflejar al que se esfuerza por construir su vida aprovechándola de la mejor forma posible, como decía José Luis Sampedro.

Estas cosas podemos verlas en la película. Igual que podemos ver cómo hay etapas de la vida, cuando Mason empieza la universidad, llena de ilusiones y objetivos, y hay otras etapas de la vida en que esos objetivos que inicialmente nos habíamos planteado, y que son los que todos nos planteamos, están cubiertos o hemos tenido que renunciar a ellos y, entonces, te planteas “¿y ahora qué?”, y surge el vacío.

Podemos ver cómo afrontan la vida los distintos personajes. La componente de suerte que toda vida tiene y que a veces lo que parece bueno no lo es tanto y quién no parece adecuado, puede ir evolucionando y cambiando a lo largo de su vida y convertirse en alguien mejor. Y es que las personas van cambiando según lo que van viviendo y los errores que van cometiendo y hay veces que te encuentras con alguien en tu vida, que la pena es no habértelo encontrado quizás en otro momento.

También podemos ver la relación entre los padres y sus hijos. Los buenos momentos vividos entre Mason y su padre. La lucha por la madre por salir adelante y el exceso de responsabilidad, que la hace “menos divertida” que el padre de cara a sus hijos. Pero al final ambos padres intentan querer a sus hijos como pueden y haciendo lo que consideran lo que es lo mejor para ellos, sin buenos ni malos.

Para terminar mi crítica, me quedo con la frase del padre, respondiendo a su hijo Mason, cuando éste es adolescente, ha tenido su primer desengaño amoroso y le pregunta por el sentido de la vida: “yo me limito a improvisar e intentar hacer lo mejor que puedo en cada situación”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *