Matar a un Ruiseñor

matar ruiseñor

Normalmente sucede que te enamoras de un libro y después ves la película para comprobar si han sabido plasmar la esencia de la novela. En este caso a mi me ha pasado al revés.

Al menos 17 años atrás si no son más, que una noche de esas que te desvelas y decides poner la tele a ver si te entra el sueño, das con una película en blanco y negro que además la emiten en v.o.s y dices “uis esto me duerme seguro”. Y de repente has llegado al fotograma donde dice “the end”, con los ojos como platos y pensando cómo pueden poner esos peliculones a altas horas de la madrugada. Encima si el protagonista es Gregory Peck, no se puede pedir más.

Hace no mucho dieron la noticia de que Harper Lee que ya es una venerable ancianita de 88 años, 55 años después de haber publicado esta novela, ha escrito la secuela de la misma que se llamará “Go, set a Watchman”. Bueno realmente parece que no es que la haya escrito ahora, si no que en su momento hizo un manuscrito de la misma incluso antes de escribir “To kill a Mockingbird” pero sus editores de entonces la fueron orientando hasta perfilar la historia contada por Jean Louise Finch sobre su padre Atticus. Sea como fuere al leer esta noticia recordé que yo aún no había leído el libro y aprovechando que lo encontré en la biblioteca de otro de los bloggeros (toma barbarismo) de esta página, lo tomé prestado y la verdad después de acabarlo no sé si se lo voy a devolver 😉 o guardarlo en la balda de libros de lectura obligada y para todos los públicos o lo que ahora llaman crossover.

La familia Finch vive en Maycomb (Alabama) y son la última generación de una saga de terranientes que vivió mejores tiempos económicos que los Finch actuales. Una familia de abolengo, del que sólo queda el apellido.

Atticus Finch es viudo y ejerce como abogado. Tiene dos hijos, la más pequeña a la que llaman Scout es la que relata toda la novela en primera persona, su vida se centra en su casa, su hermano Jem, su ama de llaves de color Calpurnia que es lo más parecido a un referente femenino que ha tenido nunca, y un amigo que va a pasar las temporadas estivales en Maycomb, Dill.

Buena parte de la novela es una narrativa sobre las costumbres de la ciudad y sus habitantes, que nos da una visión bastante completa a nivel antropológico, psicológico y sociológico. Y nos da pie a entender las por entonces “curiosas” relaciones entre hombres blancos y hombres negros. Ya no estamos en la época de la esclavitud, pero ni mucho menos hay igualdad entre unos y otros.

Y en este contexto tan complejo a Atticus Finch se le asigna un caso en el que tiene que defender a Tom Robinson un hombre negro, de una acusación por violación de una joven blanca.

Atticus al que todo el mundo respeta, hombre con prestigio, reconocido en su comunidad, un hombre tranquilo, un hombre bueno que ha ayudado a todo aquel que le ha sido posible y que educa a sus hijos en la tolerancia, los valores y el respeto. De repente se convierte en el foco de las iras de los habitantes de Maycomb al tratar de defender a un negro culpable de violación. Porque es culpable sí o sí. Hay una blanca que lo acusa de un delito y la palabra de un blanco frente a un negro es ley. O digamos que la costumbre en este caso hace ley, no la que sale de los juzgados, sino la más mundana y desigual de las leyes, la de los hombres.

Es una novela sobre la lucha por los derechos civiles más básicos, en un país que ahora tiene un presidente que hace unos años hubiera podido a aspirar poco más que a ser jornalero en Alabama.

En la época en que esta fechada esta novela en Europa teníamos nuestro propio horror, estaba Hitler “luchando” por los derechos de la raza aria, que era superior frente a cualquier otra. Y los propios habitantes de Maycomb los mismos que despreciaban a los negros, no podían entender como un “sádico” exterminaba a millares de judíos y les hacía pasar todo tipo de penalidades en campos de concentración. Está claro que por mucho que estudiemos a posteriori la idiosincrasia de los pueblos, hay situaciones que son difícilmente comprensibles años después.

Como dice el propio Atticus en la novela “Uno no conoce de verdad a un hombre hasta que se pone en su pellejo y se mueve como si fuera él”

No creo que sea necesario ser jurista para que la novela te encante y reconozcas en el comportamiento de Atticus los valores que te gustaría tuvieran todas las personas a título individual y la sociedad en su conjunto. Los valores que te gustaría compartieran los individuos con los que te relacionas. Que no suelen coincidir con los de la mayoría.

Atticus finch es un valiente, es un héroe tal cual yo entiendo este concepto, no de los que defienden sus ideales a base de puños, gritos y usando violencia, que es lo fácil. Si no de los que intentan llegar al fondo de las cuestiones, los que se plantean que lo que dice la mayoría puede ser o no cierto. Los que arriesgan mucho a pesar de que saben que es muy probable que fallen. Los que eligen ser pioneros por una simple cuestión de ética y moral. Que nada tiene que ver con religiones. Los que saben distinguir el bien del mal, visto desde una óptica humana. Los que saben miran debajo de la piel de cada persona y incluso entender el porqué se están comportando de manera irracional, porque “una turba, cualquiera que sea, siempre está compuesta por personas. Anoche Cunningham formaba parte de una turba, pero, aun así, seguía siendo un hombre”.

Un héroe de los que saben disparar pero deciden no hacerlo, salvo que sea estricta y objetivamente necesario.

En la novela no sólo se trata el tema de la desigualdad racial, aunque es el eje principal, si no los prejuicios en general, también entre blancos. El coraje o la compasión.

Finalizo este post con otro párrafo extraído del libro y que podría aplicar perfectamente al siglo XXI, “La rectitud de un Tribunal llega únicamente hasta donde llega la rectitud de su jurado, y la rectitud de un jurado llega sólo hasta donde llega la de los hombres que lo componen”.

(Inciso jurídico) En España a pesar de que la Constitución ya reconocía la posibilidad de que cualquier español pudiera formar parte de un jurado, no se desarrollaron las leyes para poder seguir este mandato constitucional hasta el año 1995. Sólo para determinados delitos (salvo que sean juzgados por la Audiencia Nacional) entre ellos los de malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias, negociaciones prohibidas a funcionarios…. Que han dado lugar a algunos casos muy mediáticos. A algunos de estos jurados les hubiera venido muy bien leer este libro antes de formar parte de la acción popular.

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