Maus

Testimonio de una Rata superviviente del Holocausto

Portada Maus

Portada Maus

Maus cuenta la historia de un judío polaco, Vladek Spiegelman, superviviente del campo de concentración nazis de Auschwitz. La narración comprende el intervalo de tiempo desde poco antes de ser Polonia invadida, hasta que el protagonista consigue su liberación hacia el final de la guerra. El autor de esta novela gráfica, ganadora de un premio Pulitzer, es Ars Spiegelman, el hijo del protagonista, superviviente también de forma indirecta del Holocausto, porque si sus padres no hubieran conseguido salir adelante de ese horror, él no habría nacido. Por tanto, el Holocausto es algo que está muy presente en su vida que, como puede verse a lo largo de la novela, dejó importantes marcas a su padre y su madre, quien finalmente acabó suicidándose.

Tras la aparente sencillez de la obra, el autor realizó una importante labor de documentación, no sólo recogiendo los testimonios de su padre, sino contrastándolos y completándolos con distintos documentos como libros de fotografías de la época, películas, viajes a Europa del Este y Auschwitz tomando fotos, etc. El objeto último era materializar en imágenes los relatos de su padre, para poder contarlos en una novela gráfica. No obstante, se trata de una novela de historia oral, en la que se cuentan las entrevistas del hijo con el padre acerca de sus recuerdos de esa oscura época.

La historia fue publicada por entregas inicialmente en la revista Raw, editada por el propio Ars Spiegelman y Francoise Mouly. Se divide en dos partes, que se presentaron inicialmente como libros distintos, aunque actualmente los dos tomos se venden en un único libro.

La primera parte cubre la época desde que Vladek conoce a la que será su esposa hasta que son apresados y llevados a Auschwitz. La narración cuenta cómo el protagonista asciende en la jerarquizada y secularizada sociedad judía tras su matrimonio, al ser la familia de su mujer adinerada y dueña de fábricas y diversos negocios. Prosigue con la invasión de Polonia por parte de Alemania y la participación del protagonista en la defensa de Polonia, que le conduce a ser apresado por los alemanes. Es liberado y vuelve junto a su mujer y su familia, para vivir la época de los primeros años de ocupación de Polonia por los nazis y cómo poco a poco se van aplicando las distintas medidas en contra de los judíos, desposeyéndolos de sus pertenencias y apartándoles en guettos, hasta llegar a la solución final, con la que empiezan las deportaciones masivas a los campos de concentración. En esta parte puede verse cómo el protagonista se las ingenia para ir sobreviviendo, hasta que es apresado junto a su mujer, y narra con una objetividad heladora cómo va perdiendo a sus padres y los padres y hermanos de su mujer, incluso a su primogénito, a manos de los alemanes.

La segunda parte de la novela relata la época desde que él y su mujer son separados e internados en Auschwitz hasta que son finalmente liberados al final de la guerra y, no sin dificultad, consigue Vladek descubrir el paradero de su mujer y reencontrarse. Es un viaje al terror de los campos de concentración y, al mismo tiempo, una historia de superviencia a base de ingenio y golpes de suerte, cuando sobrevivir en un campo resulta ser prácticamente un milagro.

Pero el libro no cuenta sólo la historia de Vladek Spielgman durante el Holocausto. En el libro hay realmente tres historias distintas en paralelo. Junto con la historia de supervivencia de Vladek, narra la algo atormentada relación entre padre e hijo en el presente y, además, el proceso de elaboración de la propia novela gráfica.

En cuanto a la relación entre padre e hijo, la narración deja patente el carácter testarudo y tacaño del padre. Vladek lo ahorra todo de forma obsesiva. Guarda cualquier resto por si puede ser de utilidad más adelante, incluso intenta devolver al supermercado parte de la comida no consumida. Por ejemplo, medio paquete de cereales. Es un superviviente de los campos, ha tenido que enfrentarse y sobrevivir a una situación de tremenda escasez y su mentalidad choca con un presente de despilfarro y consumismo, una época totalmente distinta en la que él no llega a integrarse. También intenta arreglarlo todo él mismo, pese a su enfermedad cardiaca y que no puede realizar grandes esfuerzos tras haber sufrido varios infartos de corazón. Aunque vive con otra mujer, tras el suicidio de su primera mujer Anja, madre del autor del libro, sigue añorando constantemente a Anja y no acaba a tener una buena relación con su segunda mujer, también superviviente de los campos, a la que acusa constantemente de que no quiere nada más que su dinero, el cuál el se afana en ahorrar y ahorrar. En el carácter del padre se ve la huella de su vida en los campos de concentración, que le han dejado marcado de por vida, aunque el propio autor en boca de la segunda mujer de su padre, deja planteada la duda: “conozco a otros supervivientes y los demás no son así”.

En la narración puede verse también cómo el autor va elaborando la novela gráfica. Las conversaciones con su padre para recabar la información, que empieza primero anotando en un block de notas y, ante lo arduo del trabajo, pasa posteriormente a recabar usando una grabadora. Las dudas que se le plantean al autor tras el éxito de su primera parte de la historia, de si no estará empleando el Holocausto y el sufrimiento de millones de personas como un negocio para enriquecerse, y la dificultad de plasmar en el formato de una tira de cómic lo que le cuenta el padre, de ordenar los hechos cronológicamente y corroborar la historia, de resumirlo todo en las pocas palabras que permite una viñeta de cómic. Y es que la historia es historia oral, las crónicas de un superviviente y únicamente el punto de vista de Vladek, el cuál intenta corroborar cuando es posible. En la historia se cuenta cómo el autor intenta encontrar en la casa de su padre las memorias que su madre redactó durante su internamiento en Auschwitz, hasta que el propio Vladek le confiesa que las destruyó tras el suicidio de Anja, siendo imposible así para el autor corroborar la historia de su padre con la de su madre. La imposibilidad de presentar como hechos objetivos una narración cuya fuente principal son las experiencias vividas en primera persona por un único superviviente.

Además de todo lo contado, resulta importante mencionar determinados recursos que emplea el autor en su historia. El más importante es que procura desposeer a la historia de su carga humana, convirtiendo en la narración gráfica a los judíos en ratones (de ahí el nombre de Maus), a los alemanes en gatos, a los polacos en cerdos, a los americanos en perros, etc. Con esto plantea el exterminio como la erradicación de una raza (los ratones) por otra (los gatos). Para los alemanes, distorsionados y enloquecidos por la retórica nazi, los judíos no eran humanos, pertenecían a otra raza que debía ser erradicada, como nosotros intentamos acabar con las plagas de ratas o insectos en las ciudades. Con este recurso, se deja aparte el aspecto humano, para centrarse en la historia. No obstante, al final de la obra, podemos ver una foto de Vladek con el uniforme de los presos de Auschwitz y entonces es cuando la impresión de lo que ha ocurrido cobra toda su fuerza, que eso les sucedió a hombres de carne y hueso, de manos de otros hombres. También es curioso cómo a veces el autor emplea el recurso de poner a los personajes una careta. Así, por ejemplo, cuando el padre oculta su condición de judío, lleva puesta una careta de cerdo (polaco). O cuando el propio autor lleva sobre su dibujo de hombre una careta de ratón.

Los dibujos no son muy detallados. Yo creo que es una forma de dejar el protagonismo a la historia en sí, a la narración de los hechos.

Llama también la atención la forma con que cuenta Vladek los hechos, en las sesiones de entrevistas orales con su hijo. La aparente parsimonia o falta de afecto con que cuenta lo ocurrido, aunque esté describiendo, por ejemplo, cómo un alemán coge a un niño pequeño judío de las piernas y lo mata estampándolo contra la pared. O cómo cuenta el proceso de asesinato en las cámaras de gas y posterior quema de los cadáveres. Se centra en contar los hechos, sin un atisbo claro de los sentimientos que le conllevan recordarlos, como algo que ocurrió hace varias décadas y que ya pasó, del que ahora es un espectador de su pasado, pero que al mismo tiempo le dejó irremediablemente marcado de por vida. Esto hace que el relato sea todavía, si cabe, más escalofriante.

Maus Solución Final (1)

Maus Solución Final (1)

Maus Solución Final (2)

Maus Solución Final (2)

Otro recurso, que sorprende bastante al principio, es la forma de hablar de Vladek. En su caracter de inmigrante polaco asentado en Estados Unidos, Vladek no ha acabado de dominar la lengua inglesa y comete errores al hablar, que en la versión española del cómic se traducen en, por ejemplo, usar mal los tiempos verbales o el género. No es un error de la traducción, está hecho a posta y así el autor tuvo que incluir un comentario en el libro para hacerlo notar al lector despistado.

En resumen, un libro que merece la pena leer, que enseña, sobre todo lo que la naturaleza humana puede llegar a hacer y cómo podemos llegar a comportarnos ante situaciones extremas, y que hace reflexionar sobre lo bueno y lo malo de la naturaleza humana. Ante lo horrorosos que podemos llegar a ser, se contrapone el altruismo de algunos que, aún a riesgo de perder su vida, ayudan a otros a cambio de nada o cómo el ingenio puede ayudarle a uno a sobrevivir y salir de los peores atolladeros, eso sí, que la suerte no falte. Me quedo, para terminar, con una frase de Vladek a su hijo, que aparece en la primera página de la narración: “si os encerrarían una semana en una sala sin comida … entonces sabrías lo que son ¡los amigos!”

Maus primera página

Maus primera página

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