Otoño en El Capricho

Madrid no pierde nunca la capacidad de sorprenderme. Tras casi ocho lustros viviendo en la capital y cuando ya creía que conocía cada uno de sus rincones, el último día de este cálido otoño descubrí una preciosa quinta de recreo dotada de múltiples ambientes, erigida por la duquesa de Osuna para el disfrute de sus amigos y donada finalmente al pueblo de Madrid.
En las postrimerías del Antiguo Régimen la nobleza de Madrid y la incipiente alta burguesía estaba ávida de nuevas diversiones, como siempre ocurre cuando el propio sustento no es una preocupación. Los jóvenes saltaban de fiesta en fiesta y la duquesa de Osuna, expléndida anfitriona, creó un marco ideal para el entretenimiento de la flor y la nata de la sociedad matritense de la época. Ni que decir tiene que el pueblo llano tenía su entrada vetada en tan singular paraje.
La quinta combina todas las tipologías de jardines tan de moda en la época romántica en la que fue construida: un descuidado jardín inglés, con su estanque artificial y característica cascada, un cuidado jardín francés, incluyendo su laberinto, un jardín de juegos, un kiosko de baile, un delicioso pabellón neoclásico y numerosas construcciones de recreo que seguro que albergaron aristocráticos flirteos de guapos mozos y mozas del siglo XIX. En la actualidad el parque está abierto al público únicamente los fines de semana -para su mejor conservación-, para disfrute de los no tan guapos mozos y mozas que queramos acercarnos.


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